CALAVERA DE SAN PEDRO
No se trata de parte del esqueleto del apóstol San Pedro, no, es la historieta de una de las dos puntas del cerro de Ayaque, que cuando visitaron Tacabamba unos curas franciscanos el año 1,900, peregrinaron con muchos feligreses a las más elevadas colinas del valle para colocar las Cruces del Siglo, una, en el cerro que se menciona en el título, al que llamaron San Pedro (lado Oeste), y la otra en el cerro lado opuesto, sobre el cerro de Peña Blanca o El Granero y que llamaron San Pablo (lado Este).
Empieza la historia con un personaje excéntrico que llegó a Tacabamba por los años 70 para radicar según él en una tierra linda que se lo habían recomendado. Decía ser de Huancayo, y respondía al nombre de Mariano Montero Mulive, pero prefería que le digan “Místico del Ande”, por ser un cultor de la música vernacular.

Efectivamente, pese a su avanzada edad que marchaba al unísono del siglo XX, se mostraba amigable, locuaz, erudito en muchas materias, consejero y sociable; pues, en las reuniones culturales, de amigos, y fiestas familiares y sociales, pedía la guitarra y cantaba amenamente. También tocaba el melodio en el templo e interpretaba sacras canciones. Se le veía mensualmente acudir al banco de la Nación a cobrar su pensión de artista jubilado conforme lo contaba. Su domicilio: un cuarto en el Hotel Rafael.
No tardó en hacer amigos y hacerse popular, tanto que participaba como ciudadano tacabambino en los actos convocados por la municipalidad y en clubes y otras instituciones. Había ganado confianza y consideración. El hotel, la pensión y los comerciantes le facilitaban cierto crédito que con puntualidad pagaba cada mes.
Comentaba la situación de olvido y falta de apoyo del Estado a nuestro distrito, sentía la ausencia de progreso en la ciudad, y si algo se conseguía a costo de mucho esfuerzo y gestión, resultaba en fracaso o frustración casi siempre. Como se mostraba esotérico, misterioso y creenciero, decía que todo eso se debía a existir una maldición que pesaba sobre el pueblo, tal vez de un cura u otro personaje ofendido en tiempos pasados. Hasta que una vez, casi públicamente nos expuso que ya sabía cual era el signo fatal que debemos encarar urgente y decididamente tanto las autoridades, como las personas protagonistas de la vida pueblerina.

(Cerro de Ayaque – punto blanco cerca a la punta de la izquierda)
Allá, nos dijo desde una esquina de la plaza, señalando el cerro de enfrente, debajo y a cierta distancia de la Cruz del Siglo que corona su cúspide del San Pedro, en una parte muy empinada, cual un enorme muro erguido, allí está esa gigantesca calavera. ¿La ven?, ¿la ven? repetía detrás de sus gruesos lentes. Está mirando con los enormes huecos de sus ojos a este poblado, y mostrando su dentadura burlona y amenazadora, está claro, clarísimo, ¿la ven?
Efectivamente, no hacía falta esforzarse mucho, se veía una figura calavérica y todos los que allí estábamos asentíamos en esa realidad. (nótese en la fotografía como un puntito blanco debajo de la cúspide del cerro).
Era un derrumbo de la superficie de aquella empinada cuesta, sin vegetación que cuando más es paja en ese lugar. Seguramente, en alguna estación de lluvias torrenciales ya pasada, se arrancó la tierra de la superficie en un gran trecho y quedó la parte rocosa interior que mostraba la forma de una calavera.

El comentario corrió por todas las casas, unos sorprendidos y temerosos, otros ridiculizando incrédulamente la conjetura.
Pero no hay por qué preocuparse decía, podemos destruir ese signo de fatalidad, mandemos gente con sus herramientas y asunto acabado.
Así fue y contemplábamos a la distancia esa labor. Pero nada, la calavera seguía intacta.
En días subsiguientes enviamos otros trabajadores con uno especialista en dinamitar las rocas, cuidando que no se afecten las viviendas que estaban en la base del cerro en Corillama. El espectro se borró en gran parte, pero ……….. pero después de unos meses reapareció la calavera aunque con menor nitidez que la anterior, ya no fue posible destruirla porque vecinos se opusieron debido a los daños que ocasionaban las piedras en sus chacras.
Han pasado los años y las décadas, Tacabamba es hoy una ciudad y un distrito muy progresista, parece que la calavera fue neutralizada en gran parte; sin embargo, sería bueno intentar algo más, tal vez todo. ¿ …?
Y …. ¿qué pasó con el “Místico del Ande”?
Cuando se alistaba a viajar a Lima, comisionado para comprar 20 pararayos y terminar así con los estragos que cada año causa “El Rayo”, dios de los estruendos en las diferentes comarcas tacabambinas en los meses de octubre y noviembre carbonizando gente y animales en medio de lluvias torrenciales. y felizmente, debido a que las comunidades no reunieron todo el dinero requerido que debía llevarse el curioso forastero, tuvo que viajar, como muchas veces lo hacía, pero esta vez para nunca más volver ni sepamos más de él, sucedió lo que en un principio nos imaginamos, que nos haga «perro muerto», pues se fue debiendo dinero prestado, servicios, cosas y ropa dada al crédito por los comerciantes que tanto habían confiado en el “Místico del Ande”.
CALAVERA DE SAN PEDRO