CRUZ DEL CHALPÓN
En la parte baja del ramal de la cordillera del Chaccha que es la más alta de la zona, está  una pequeña elevación en cuya base se extiende el barrio oeste de la ciudad de Tacabamba. Este cerro es suficiente para observar el hermoso paisaje de nuestro valle y en él se yergue una pintoresca capilla en la cual se conserva y se venera una cruz que ha dado nombre a este lugar: Cerro Chalpón. También se le llama Cerro del Calvario.
(Sagrado Madero en la actualidad)
La historia de la Cruz de Chalpón parte de su hallazgo en Agosto de 1924 y su popularidad se acrecentó tanto y en tan poco tiempo, que dio importancia regional a Tacabamba por el reconocimiento religioso y la fastuosidad de su fiesta el 5 de Agosto de todos los años.
Sebastián Aguirre fue su descubridor, cuando guiado por revelaciones y acompañado por un grupo de sus amigos y vecinos empezó a hacer excavaciones en el cerro y tras algunos fallidos intentos, a más de un metro de profundidad encontraron el sagrado madero. La noticia cundió rápidamente por toda la ciudad y la admiración y júbilo fueron indescriptibles. Este hallazgo fue bien celebrado y considerado como él primer milagro.
La cruz exhibe un respetable color marrón oscuro, de madera de primerísima calidad y peso. Su tamaño es de 1.90m., los brazos suman 0.80 m. y el grosor 0.13 m.
La casa de don Sebastián (hoy jirón Lima N 349) fue la primera morada de la Cruz de Chalpón, a donde todos acudían a conocerla y a rendirle culto, a partir de aquel 5 de agosto de 1924.
Al año siguiente se iniciaron los trabajos de construcción de la capilla en el cerro Chalpón, en el mismo lugar donde fuera encontrada la cruz. Cuando ya se había excavado una cueva de regular profundidad se produjo un derrumbe que sepultó a cuatro personas: Mariano Tapia, Rosendo Medina, Genaro Segura y Sebastián Aguirre, pero las personas que se encontraban próximas acudieron al rescate y los aprisionados y sepultados vivos lograron ser sacados ilesos. Segundo milagro público que todos reconocieron y alabaron.
En un documento del 12 de setiembre de 1925 don Sebastián solicita al Concejo Municipal licencia para erogar fondos y terminar la gruta, aduciendo que esta capilla es un adelanto para la ciudad.
(Sebastián Aguirre y Amalia Niño Ladrón de Guevara)
Dada la importancia y brillantez que se daba a la celebración de la fiesta del 5 de agosto, no tardó en convertirse en una verdadera feria, no sólo por el fervor religioso y nutridos peregrinajes de fieles de distintas regiones del país, sino por las halagüeñas transacciones comerciales que superaban a las de la feria de setiembre; Con todo lo cual competía con creces a la festividad religiosa y comercial de Motupe (Provincia de Lambayeque), tanto, que se vieron los motupanos en la necesidad de iniciar y proseguir un proceso eclesiástico y judicial para prohibir la celebración del 5 de agosto en Tacabamba; lo cual consiguieron difícilmente, porque don Shabita supo gastar grandes influencias, trajines y dinero, en Chota, Cajamarca y Lima, todo lo cual afectó su salud.En 1929 el inflexible «Sargento Rimachi» captura al famoso bandolero Esteban Coronel y a su sobrino Crisanto, naturales y residentes en la Hacienda de Urubamba (Santa Rita), fueron llevados a Cajamarca donde el primero fue condenado a muerte. Delante del pelotón de fusilamiento y ante la voz de ¡Fuego! exclamó ¡Sálvame Crucita de Chalpón! y la única bala que debió segarle la vida no explotó. fue liberado y regresó a Tacabamba para agradecer el milagro.
El 24 de agosto de 1930 un Decreto Episcopal del Obispo Villanueva de Cajamarca dispuso que la Cruz de Chalpón de Tacabamba, con todas sus pertenencias y su gruta, quedan anexadas a la Santa Iglesia Parroquial.
Otras disposiciones gubernamentales y judiciales determinaban improcedente y nula la propiedad particular de don Sebastián Aguirre sobre la Cruz, sus pertenencias y celebración pública de la festividad. Además, que la celebración festiva tenga carácter netamente local para no interferir a la de Motupe.
Estas disposiciones encontraron la resistencia del hasta entonces propietario don Sebastián, quien se negaba a entregar la Cruz ante los insistentes requerimientos del Párroco el cura Daniel Muñoz y el Alcalde don Lizardo Zevallos.
La vocación religiosa de don Shabita, como cariñosamente lo llamaban los feligreses, era muy reconocida, pues desde niño estuvo al servicio de la Iglesia y de los sacerdotes, porque fue el fiel y permanente sacristán, con un historial cuajado de iniciativas, virtudes y anécdotas que le dieron merecida fama como monaguillo, acólito, cantor, músico (tocaba el melodio), ebanista y escultor.
Acompañando a los curas y por su cuenta visitó en diferentes oportunidades al cura tacabambino Murillo que por muchísimos años fue Párroco de Motupe, donde posiblemente se inspiró para esta proeza.  Hizo de su domicilio, con ayuda de su esposa doña Amalia Guevara Romero, cuyo apellido verdadero era el histórico “Niño Ladrón de Guevara” y de su cuñada doña Lucidora, una atractiva casa de oración y peregrinaje, adornada por dibujos, talladuras en madera, altares e imágenes hechas por él, en fin, un original templo particular y un motivo más de prestigio para Tacabamba.
Presionado por las disposiciones de la superioridad y la exigencia de las autoridades locales y en aras de dar una salomónica solución al problema, a similitud de la original, don Sebastián confeccionó dos cruces, una de las cuales entregó a la Iglesia y al pueblo, haciéndola pasar por la verdadera. La otra retuvo en su domicilio, como reserva a precaución de que pueda suceder un nuevo reclamo y una nueva entrega. Desde este momento la cruz original pasó a la clandestinidad por muchos años, aunque en realidad nunca más se presentó reclamo ni problema alguno.
La ciudad y su Parroquia iniciaron el culto y celebración de la festividad local en forma pública: El día 3 de agosto es bajada la Cruz desde su capilla hasta un altar o ramada levantado en el jirón Lima, donde se da cumplimiento a la celebración religiosa y festiva de la antevíspera. El cuatro al atardecer es trasladada al templo, donde el sacerdote dice las vísperas y el pueblo las festeja en la plaza de armas. Al día siguiente la misa solemne y procesión. Al atardecer, la Cruz es conducida por la feligresía hasta su capilla donde permanecerá hasta el próximo año.
El Comité de Procuradores de cada año hace derroche de entusiasmo y competencia, poniéndose en juego: reverencia religiosa, banda de músicos, fuegos artificiales, cohetes y bombardas, elevación de vistosos globos, albazos, reseñas y retretas, vacas locas, tómbolas y rifas, bailes sociales y populares y en fin, alegría general y nostalgia al final.
Mientras tanto, acontece sigilosa y prudentemente, durante todo el año, en la feria de setiembre y especialmente en los días de la “Fiesta de la Cruz de Chalpón” el desfile continuado, el entrar y salir de las gentes, los rezos, cánticos y responsos, la fijación de milagros de plata y oro, las limosnas y las velas en la tradicional casa de don Shabita, antes con él, después con su viuda la señora Amalia y hoy con su heredero don Víctor Pizarro Pardo.
El fallecimiento de Sebastián Aguirre se produjo en 1933, cuando tenía sesenta años de edad y como lo había dispuesto fue enterrado en uno de los dos nichos que construyó para él y su esposa en la capilla de la Cruz de Chalpón, incrustados en el cerro y en el segundo piso, sobre el camarín donde se guarda la Cruz.
Un año después la señora Amalia tuvo que esconder la Cruz original en una ventana empotrada especialmente en una gruesa pared cuya puerta se abría solamente en ciertas circunstancias especiales. En la sala del segundo piso era exhibida y venerada la tercera cruz.
En 1935, cuando tuvo que salir de viaje la señora Amalia, dejó su casa al cuidado de la señora Edelmira Delgado y sus hijas las señoritas Elena y Carolina Bustamante. Ellas abrieron el camarín secreto de la cruz original con el objeto de rezar y encender velas, pero al quedarse dormidas un incendio consumió todo lo que había dentro, incluyendo la puerta, menos la cruz que permaneció intacta. Un milagro más, de los tantos que se cuentan y se reconocen.
No menos milagros se saben de la Cruz que se venera en la capilla del cerro, los muchos paños artísticamente bordados, la cantidad de figurillas de oro y plata y los adornos también de plata que esta cruz ostenta, así lo testimonian. Sus medidas son: alto = 1.70 m., ancho = 0.76 m., grosor = 0.10 m. Fina madera de color negro claro. INRI y punteras de plata pura. Un hermoso arco calado en cedro, obra del artista tacabambino don Alejandro Zevallos, mandado confeccionar por su devota la señorita Esther Gálvez Delgado (8 de mayo de 1933) da a la cruz un cariz y majestuosidad especiales.
En 1936 el alcalde don Lizardo Zevallos y su hijo Alejandro, mandaron construir el camino característico en forma de Z que une a la ciudad (jirón 7 de junio) con la capilla.
En 1948 erosionó la parte posterior y superior de la capilla, dejando al descubierto el féretro y cadáver de don Shabita, siendo trasladado al cementerio. Este año también murió la señora Amalia, a los 80 años de edad, un 24 de diciembre.
Al caerse una torre, la capilla fue reconstruida por el alcalde don Carlos Cardozo Zevallos en 1958.
(Procesión de la Cruz en el año 1942)
La tercera cruz fue venerada en casa de sus propietarios hasta el año 1972 en que uno de sus herederos dispuso de ella sin saberse su paradero; mientras la cruz original ocupaba su lugar en esta casa hasta la actualidad bajo el cuidado de Víctor Pizarro Pardo que la conserva celosamente, junto con las imágenes que son obra de escultura en madera hechas por don Sebastián, dentro de las que destacan San Miguel Arcángel, el Corazón de Jesús, un Cristo Crucificado con desgonces en los hombros y dos estatuas angelicales. Aún se conservan dibujos en las paredes, puertas, ventanas y balcón artísticamente tallados. La Cruz, pese al robo sacrílego de 1985 conserva un INRI de plata maciza de 0.18 x 0.11 m., con letras de oro incrustadas, un clavo de oro en la intersección de los maderos, tres anillos o punteros de plata maciza de 0.07 m. de ancho, tres potencias de plata de 0.16 de tamaño y varios paños bordados en pana, con infinidad de milagros.
En 1985 aconteció un cuantioso robo de milagros de plata en casa de Víctor Pizarro, sin dejar pista alguna para su esclarecimiento, pero este se produjo milagrosamente cuando por casualidad un desconocido se le presentó a comprar plata como el milagro de muestra que portaba y era una de las joyas robadas anteriormente. Un habiloso vecino resultó responsable del hurto. En Chota el fiscal que veía el caso propuso al interesado un “arreglo”: que reciba la devolución de la mitad de todo lo robado, pero como no aceptara por quererlo todo, el juicio quedó archivado. Fue suficiente una queja elevada a la superioridad para que el mal fiscal fuera destituido de su cargo, cosa que reiteradas veces se había intentado por sus escandalosas actuaciones, sin conseguirlo. Víctor Pizarro dice todo esto sólo puede ser un milagro; y como si fuera poco, el autor del sacrilegio y su familia, desocuparon para siempre Tacabamba.
Actualmente se está reconstruyendo la capilla con material noble, a cargo del Comité que preside la señora Grimanesa Reyes y lo integran: Carlos Chamaya, Juana Bocanegra, Carmen Paredes, Irma Herrera, Rosa Chamaya, Teodelinda Heredia, Juana Díaz y Víctor Pizarro.
En 1997 el Alcalde Ing. José Olegario Campos Delgado, mandó colocar una gigantesca estatua de Jesús en el cerro Chalpón, a pocos metros sobre la capilla de la Cruz. Es un hermoso ornamento de la ciudad que se distingue de cualquier punto del valle. El lugar, tan cercano, constituye un excelente mirador para los visitantes, desde donde aprecian la ciudad y casi todos los confines del vasto panorama .
Entre gratos recuerdos y añoranzas, creencias, falacias y veracidades, la Cruz de Chalpón forma parte de la historia de nuestro pueblo y la idiosincrasia y costumbres de los tacabambinos.
Don Víctor Pizarro Pardo, ahora dueño de la original Cruz de Chalpón, a la que conserva con denuedo y mucha reverencia, administrando el caudal de fe de los devotos.
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