La Quinta es un sector del valle de Tacabamba, situado en el ángulo formado por los ríos Conchano y Tingo, limitado por la base del cerro de Ayaque.
Pese a ser dominio yunga, los españoles cedieron estas tierras a los ichcanes a los que llamaban lachicanes y posteriormente lascanos, lo que revirtió a los pocos años por sus propias disposiciones.
En 1726 don Juan Antonio Zevallos compró las haciendas de Chetilla y Lascán y se adueñó arbitrariamente de las tierras Quintas, pero los naturales fueron amparados por don Diego Ramírez de Arellano, Teniente General de la Provincia de los Huambas que se constituyó en el lugar.
En este hermoso lugar existe un manantial de aguas cristalinas y temperadas llamado “Los Baños de la Quinta,” precisamente, porque son fantásticamente agradables para bañarse a temperatura corporal, pues sus aguas no son ni frías ni calientes, aunque muy de madrugada se sienten algo tibias. Esta cualidad del agua, unida al clima templado del lugar, no afecta a la salud de los que se bañan por no existir el peligro de los cambios bruscos de temperatura, antes bien, son muy reconfortantes.
Los baños de La Quinta se encuentran ubicados en el lado derecho del camino a Funducas, con dirección al cerro Agomarca, justamente debajo del Kengo, que es el mirador en la carretera de ingreso (vía Chota), de donde se divisa sorpresiva e impactantemente la ciudad y gran parte del valle.
El agua mana silenciosa por las rendijas de la base de las rocas y en el trayecto de seis metros, formándose una acequia que cruza el camino, las invernas aledañas y entre sauzales va a desembocar en el Tingo con un corto trayecto de cien metros.
Los Baños de la Quinta son uno de los tantos regalos de la naturaleza tacabambina y vale mucho por su originalidad, pues se conserva intacto a través del tiempo. Algunas veces se ha proyectado “modernizar” este lugar, sembrándole cemento y otros artificios que jamás superarán su belleza natural. Se intentó instalar a su lado una fábrica de aguas gaseosas, para aprovechar ”disqué” la pureza hídrica; felizmente el “Hada Maravillosa” que la habita no lo ha permitido y allí está luciendo su integridad para el orgullo de los tacabambinos y el prestigio de la “Sucursal del Cielo”, digno de los mejores almanaques paisajistas y de los más afamados pinceles.
Sin embargo el hombre amigo y colaborador de la naturaleza puede mejorar este paradisíaco lugar, ampliando o desviando un poco el camino, cincelando las rocas para dar discreta independencia a cada pocito y formándole un colector con las mismas piedras ferrosas.
Los arbustos y flores silvestres no sólo deben conservarse, sino, incrementarse, sembrándolos en el peñazco acondicionado con otras rocas para contener la tierra. No olvidemos que en los cerros Agomarca, Cóndac y otros, hay plantas y flores exóticas con las que se formaría un jardín muy peculiar en el espaciLa Quinta es un sector del valle de Tacabamba, situado en el ángulo formado por los ríos Conchano y Tingo, limitado por la base del cerro de Ayaque.
Pese a ser dominio yunga, los españoles las cedieron a los ichcanes a los que llamaban lachicanes y posteriormente lascanos, lo que revirtió a los pocos años por sus propias disposiciones.
En 1726 don Juan Antonio Zevallos compró las haciendas de Chetilla y Lascán y se adueñó arbitrariamente de las tierras Quintas, pero los naturales fueron amparados por don Diego Ramírez de Arellano, Teniente General de la Provincia de los Huambas que se constituyó en el lugar.
En este hermoso lugar existe un manantial de aguas cristalinas y temperadas llamado “Los Baños de la Quinta,” precisamente, porque son fantásticamente agradables para bañarse a temperatura corporal, pues sus aguas no son ni frías ni calientes, aunque muy de madrugada se sienten algo tibias. Esta cualidad del agua, unida al clima templado del lugar, no afecta a la salud de los que se bañan por no existir el peligro de los cambios bruscos de temperatura, antes bien, son muy reconfortantes.
Los baños de La Quinta se encuentran ubicados en el lado derecho del camino a Funducas, con dirección al cerro Agomarca, justamente debajo del Kengo, que es el mirador en la carretera de ingreso (vía Chota), de donde se divisa sorpresiva e impactantemente la ciudad y gran parte del valle.
El agua mana silenciosa por las rendijas de la base de las rocas y en el trayecto de seis metros, formándose una acequia que cruza el camino, las invernas aledañas y entre sauzales va a desembocar en el Tingo con un corto trayecto de cien metros.
Los Baños de la Quinta son uno de los tantos regalos de la naturaleza tacabambina y vale mucho por su originalidad, pues se conserva intacto a través del tiempo. Algunas veces se ha proyectado “modernizar” este lugar, sembrándole cemento y otros artificios que jamás superarán su belleza natural. Se intentó instalar a su lado una fábrica de aguas gaseosas, para aprovechar ”disqué” la pureza hídrica; felizmente el “Hada Maravillosa” que la habita no lo ha permitido y allí está luciendo su integridad para el orgullo de los tacabambinos y el prestigio de la “Sucursal del Cielo”, digno de los mejores almanaques paisajistas y de los más afamados pinceles.
Sin embargo el hombre amigo y colaborador de la naturaleza puede mejorar este paradisíaco lugar, ampliando o desviando un poco el camino, cincelando las rocas para dar discreta independencia a cada pocito y formándole un colector con las mismas piedras ferrosas.

Los arbustos y flores silvestres no sólo deben conservarse, sino, incrementarse, sembrándolos en el peñazco acondicionado con otras rocas para contener la tierra. No olvidemos que en los cerros Agomarca, Cóndac y otros, hay plantas y flores exótico libre o pampita aledaña. Convendría resembrar las achupallas o «botones de los nacimientos» con su inconfundible fragancia navideña. Unas pocas plantas de jazmín le darían un toque excepcional con miscelánea de perfume persa y fragancia de azahares en un paisaje de matices verdes de sauzales y de limas.
Allí cerca se encontraba el jardín del poeta y artista Absalón Salazar Fonseca, que con el nombre de «Parque Delicias» dio por muchos años prestancia a Tacabamba. Ha desaparecido, pero bien puede renacer por la voluntad de corazones nobles y manos laboriosas y artísticas. Alguna autoridad edil de reconocida sensibilidad puede devolvernos.
Además, La Quinta es lugar propicio, junto con la estancia de Las Tunas, para los sembríos de la afamada lima tacabambina y con las invernas de La Chavilga y Corillama muestran los mejores ejemplares de ganado vacuno que tanto realzan la criandería mejorada por razas como suiza, holstein, bronswiss, helfort, etc.
Cuenta además, con un moderno mini complejo deportivo, con campos de fulbito y básquet, piscinas, instalaciones y servicios, todo lo que acrecienta su prestigio.
Esto es “La Quinta” de nuestros anhelos: un dije de oro en el relicario de Tacabamba, cuyo nombre ha sido adoptado por su centro poblado que se vislumbra como uno de los mejores y más progresistas del Distrito.
BAÑOS DE LA QUINTA
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