ODA A CÓNDAC

Cual sonata de instrumentos – que invitan a la expansión, – “Cóndac” fluye en un torrente – espumoso de cristal, – atrayendo al visitante – con su líquida canción, – a admirar su catarata – de una altura colosal.
Son sus notas todas juntas – de potente gravedad, – son sonoras, contundentes, – que provocan ansiedad, – de sentir por uno mismo – aquel encanto, aquel primor – donde está casi ignorada – no obstante el gran “Clarín” – la belleza y la industria – esperando a que al fin – por progreso o ambición – llegue a darle su color.

Es reliquia que el presente – del pasado heredó, – reservándole al futuro – cumpla así la evolución, – despreciando si es posible – la importancia que guardó, – la natura en metales – y asientos de carbón.

Con su nombre quechua “Cóndac” – es un don tradicional, -rememora y pregona – nuestro idioma original, – los vestigios de una raza – que adoró por dios al sol, – de una tribu que en su suelo – gobernó Tacayhuatay, – y nos muestra que es su fuente – del pasado su crisol.

Cuántos medios se han usado – pretendiendo un modo real – son en vano el describirlo, – tu belleza en el papel, – ni es el lente ni el poeta, – ni el pintor con su pincel, – han grabado ni han pintado, – tal cual es tu original.

Quien conoce tu paisaje, – ya conoce un edén, – forasteros y paisanos, – de ambos sexos, no hay quién, – no alabe tu escenario – destacado en Solugán.

Das orgullo a Tacabamba, – a la mente inspiración, – para todos es tu suelo – feliz punto de excursión, – y conjunto de impresiones – eque por siempre durarán.

Héctor Oblitas Paredes. Tacabamba 1955.

ODA A CÓNDAC
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